DEVOCIONALES: Velar y Orar – ¡Fe y Acción!

Lunes 08 de octubre de 2018

Velar y orar nos mantiene alertas y en forma para enfrentar la tentación, evitar la distracción, superar las pruebas, y obtener el galardón y la victoria. El Señor mismo en su momento más angustioso nos reveló esta verdad.

  • Precavidos ante la amenaza.

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:41)

El anuncio de Jesús tiene que ver con la lucha interna de cada uno de nosotros. La tentación se nutre de nuestra humanidad, de nuestras debilidades. Y si bien es inevitable ser tentados, no necesariamente vamos a caer. Existen distintos tipos de tentación: algunas sobrevienen en los momentos de euforia y alegría, cuando todo va bien. Otras en tiempo de necesidad, o vulnerabilidad. En todos los casos la tentación tiene como objetivo el apartarte de la voluntad de Dios. El principio espiritual que aprendemos de la oración es “hágase tu voluntad”, la tentación quiere manipularte para que hagas tu propia voluntad, lo que tu deseas.

La palabra del Maestro es clara. Estamos avisados. Velar y orar nos guarda de la tentación venidera.

“El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño.” (Proverbios 22:3).

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Martes 09 de octubre de 2018

  • La tentación del desánimo y la tristeza.

“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza;” (Lucas 22:45)

Cuando somos afectados por el desánimo, nuestra mente busca las causas naturales: el dinero que no alcanza, una enfermedad, problemas interpersonales, frustraciones, persecuciones. Es decir, excusamos nuestro desanimo o tristeza en las cosas que nos ocurren. Pero al mirar en las escrituras, nos daremos cuenta que no es así. Por el contrario, las circunstancias adversas deben provocar en nosotros un “mayor peso de Gloria”, una manifestación mayor del fruto del Espíritu en nuestras vidas (por favor, lee completo 2Corintios 4).

Entonces, si no son las situaciones las que me desaniman ¿Qué es? El desánimo y la tristeza son tentaciones del enemigo. Recuerda que él no tiene oportunidad frente al poder de la iglesia; lo único que puede intentar es que esta se duerma, quede inactiva, y no ejerza su autoridad. El desánimo te tienta para que ya no lo intentes, ya no ores, ya no esperes confiado en el Señor, ya no des oportunidades a tus hermanos, ya no perseveres. No es culta de la circunstancias, sino de que prestamos oído y obediencia a la tentación.

Perseverar velando en la Palabra y la oración, nos mantiene despiertos para rechazarla, sujetando aun nuestras emociones a su voluntad.

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Miércoles 10 de octubre de 2018

  • Velar también necesita constancia.

“Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.” (Mateo 26:44)

Es impactante encontrar a Jesús orando perseverantemente por algo. Él nos enseñó a ser constantes (Lucas 18:1-8), pero aquí lo vemos en acción. Muchas veces oramos una vez por algo y solamente esperamos que ocurra: que alguien o alguna situación cambie, que algo llegue, o se acomode, etc. ¿Pero qué pasa cuando lo que tiene que cambiar, o acomodarse somos nosotros mismos?

Si observamos la oración de Jesús, veremos que con insistencia oraba “que se haga tu voluntad”, aun luchando con su deseo – “si es posible, pasa de mí esta copa” – Jesús estaba siendo tentado, pero velando y orando insistentemente venció al enemigo yendo a la cruz.

Ante la tentación del desánimo y la tristeza, ser constante y perseverante en tu oración. Lo que ocurre es que no son las circunstancias las que deben cambiar, sino nosotros mismos, y oramos hasta que esto ocurra.

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Jueves 11 de octubre de 2018

  • Es parte de la preparación.

La última cena y el Getsemaní son momentos decisivos en el plan de Salvación. Jesús mismo experimenta una mezcla de emociones, confusas algunas, pero con la Palabra y el propósito bien claro en su interior. Los discípulos también, en especial Pedro.
Antes de la vigilia en el huerto, Pedro es advertido (ver día 1) de la tentación que vendría, pero confiado en sí mismo, menosprecia el aviso  (Lucas 22:31-34). En el momento de mayor presión, cede a la tentación del desánimo, y deja de orar (ver el día 2), y cuando llega el momento de la prueba, cede (Lucas 22:55-62). Por el contrario Jesús, ante la misma presión, perseveró en oración y suplica al Señor, hasta que fue fortalecido, y cumplió aquello que debía ser.

Velar y orar es parte de la preparación para vivir la voluntad de Dios en nosotros, para que nuestra fe no falte, para salir victoriosos frente a la tentación. Nunca es por nuestras fuerzas, o ímpetu, o firmeza de carácter. La tentación ataca donde somos débiles, pero al velar y orar, permitimos que el Señor se haga fuerte en nuestras debilidades (2Corintios 12:9).

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Viernes 12 de septiembre de 2018

  • Resistiendo la tentación.

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7)

La clave para resistir la tentación no está en nuestra fuerza de voluntad, o el convencimiento, sino en la fe en Cristo, y el entrar en su voluntad.

La Palabra define a su voluntad como “buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2), pero nuestra humanidad no siempre lo cree así (Romanos 7:15:23), y entramos en un combate interior. La única manera de vencer es someternos al Señor. Esto necesariamente implica velar y orar insistentemente; no para que Dios me escuche y actúe, sino para que mi carne se humille y sujete. Si no disciplino todo mi ser a creer, a practicar la fe, pronto me encontraré desanimado, estancado. Pero para vencer la tentación y avanzar, debo trabajar, despertar en el espíritu.

Lee 2Corintios 10:3-6; Santiago 1:12-15; 1Pedro 5:6-9 y pide al Espíritu Santo revelación para poder entenderlos y aplicarlos.

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Sábado 13 de octubre de 2018

  • Orando como conviene.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10)

“Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” (Mateo 26:42)

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26).

La oración que conviene no parte de tu necesidad, sino de estar orientada a la voluntad de Dios. Cuando hablamos de velar y orar, hablamos de mantenernos alertas ante el peligro, pero también de estar atentos a las oportunidades y tiempos en que debemos entrar en acción para ejecutar la voluntad de Dios. Solo la oración bien orientada por la fe no mantiene en ese curso. No es difícil, el Espíritu Santo que está en ti te guía para orar de esta manera, solo se perseverante, mantente unido al cuerpo de Cristo, sujeto en amor al Señor, y verás superadas todas las cosas…

“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:12-13).